Comentaba con mis hijas, antes de la final de Copa que, lógicamente, como culé, prefería que el Barça ganase ese partido, pero que era mejor que le anulasen un gol injustamente y le expulsasen un jugador, para que nadie pudiese poner peros a esa hipotética victoria. Al Barça le anularon un gol justamente, justitamente diría yo (como Pep), el jugador se lo expulsaron al Real Madrid (Di María en el descuento de la prórroga) y el Barça perdió la final.
Hubiese preferido ese hipotético escenario post-partido, en caso de victoria blaugrana, no para no aguantar el llanto de Mou y las monsergas de la caverna, sino precisamente, para ver que decían los quejicas oficiales ante una derrota sin paliativos ni excusas posibles.
Al final, el Madrid ganó la Copa, Sergio Ramos la tiró por la borda, y yo estuve dos días encerrado en mi propia caverna consolando a mi hija pequeña.
Visto lo visto, la percepción que tenía antes de la ida de semifinales de Champions en el Bernabéu ya no era tan quijotesca. Había que ganar, jugando al fútbol, sin dar ni la más mínima ventaja al rival, pero había que ganar, porque las excusas de Mourinho no merecían salirse con la suya por segundo año consecutivo.
Y visto lo visto anoche, me reafirmo aún más en que contra Mourinho se puede hacer una vez el primo (contra el Inter), se puede evitar hacer sangre (partido de liga en el Bernabéu), e incluso te puedes dejar sorprender (final de Copa), pero no puedes poner la otra mejilla, por que te parte la cara.
Porque Mourinho intentó comenzar a partirle la cara al barcelonismo en su rueda de prensa del martes. Pero Pep comenzó a ganar esta semifinal precisamente el martes, respondiendo a un Mourinho que se equivocó creyendo que intimidaría a un entrenador al que ve, más que como un rival en la Liga española, como a un enemigo en su obsesión curricular, y respondiendo, de paso, a una caverna de la que él mismo es objetivo preferencial y declarado, y a la que se refirió como central lechera, para regocijo de más de uno (gracias Peixe, por desvelarme en tu blog el origen del término a través del artículo de Carles Torras).
Mou demostró que si está obsesionado por el Barça. Mucho. Y que su mayor preocupación no es dotar a sus equipos de una estructura perdurable, sino fagocitar a esos equipos y robotizar y alienar a sus jugadores con el fin de conseguir, a cualquier precio, títulos con los que dar lustre a su propio historial.
Las burbujas del título de Copa dieron paso anoche a la cruda realidad de un equipo que sale empequeñecido a jugar contra el Barça, y al que jugar al límite del reglamento, le sirve para amedentrar al rival, y en caso de una más que probable expulsión, dar argumentos al Sallieri de los banquillos.
El problema de Mourinho es que su personaje le está devorando, y más allá de una masa enfervorecida que vendió su alma a un diablo portugués para desbancar al gran rival, y que aún le cree, porque prefiere creerle a enfrentarse a la más que cruda realidad, pocos le toman ya demasiado en serio.
Personalmente, creo que la expulsión de Pepe fue muy rigurosa, pero ese es el riesgo que se corre cuándo se juega en el filo de la navaja. Quizás Pepe no debió ser expulsado por su brutal plantillazo a Alves, pero no es lícito quejarse cuando este jugador ha podido disputar muchos más minutos durante esta serie de enfrentamientos, de los que debería permitir el reglamento. No es lícito quejarse de la expulsión de Pepe, cuando el árbitro del partido debería haber expulsado a Marcelo y a Adebayor por pisar a Pedro y agredir a Busquets respectivamente. Y no es lícito quejarse de la expulsión de Pepe, basándose en el juego de fútbol ficción al que la caverna ha acostumbrado a sus seguidores, según el cual, todo lo que hubiese acontecido a partir del minuto 61 hubiese sido favorable al Madrid y desfavorable al Barça (Afellay no hubiese superado a Marcelo, sirviendo un balón de oro a Messi para que éste marcase el primer gol, y Messi no se hubiese hecho a toda la defensa blanca para marcar el segundo, porque Pepe seguramente le hubiese partido antes la pierna).
El esperpento vivido en la sala de prensa del Bernabéu, además de merecer una sanción ejemplar, deja muy tocado a un técnico que no distingue entre dirigir al Real Madrid o la Balompédica Linense.
¿Quién es Mourinho para poner en duda los logros de un colega? ¿Quién es Mourinho para acusar sin fundamento a una institución más antigua que su propio club? ¿Quien es Mourinho para hablar del "escándalo" de Stamford Bridge o de la expulsión de Van Persie cuándo ni era el entrenador del Chelsea en la semifinal de hace dos años, ni es el actual entrenador del Arsenal? ¿Quién es Mourinho para definir de "milagro" la clasificación del Inter para la final del pasado año, cuando su equipo fue claramente beneficiado en el global de la eliminatoria frente al Barça?
Pues Mourinho es un entrenador encumbrado por una prensa afín que, ante lo que se avecina, parece comenzar a plantearse alguna duda.
Esta mañana, en la tertulia de Directo Marca, el programa de Paco Garcia Caridad en Radio Marca, en la que participaban, además del propio Caridad, Alfredo Duro, Iñaki Cano, Felipe Del Campo y Lluís Canut, se han podido oír cosas bastante interesantes.
En primer lugar, Lluís Canut ha señalado lo sesgado del discurso de Mourinho, recordando y exagerando acciones arbitrales favorables al Barça y obviando todas aquellas que le han perjudicado en los últimos tiempos. Es importante recordar que el famoso "escándalo" de Stamford Bridge se basa en cuatro penaltis grabados a fuego en el hígado de Tomás Roncero (y parece que en el de Mou), del que únicamente la mano de Piqué es indiscutible, olvidando que ese partido tuvo que disputarlo el Barça muy mermado debido a la expulsión de Abidal (rigurosa expulsión, por cierto) y sin la participación de Puyol a raíz de una injusta tarjeta amarilla en el partido de ida en el Camp Nou. En ese partido de ida, el alemán Stark (que casualidad), no señaló un flagrante penalti cometido sobre Thierry Henry, y no expulsó a Ballack, que si pudo jugar el partido de vuelta.
Canut también ha recordado el arbitraje del portugués Benquerença en la semifinal del año pasado disputada en el Giuseppe Meazza, en la que se concedió un gol ilegal a Diego Milito, que a la postre sería fundamental, ya que aunque nadie parece recordarlo, el Barça se impuso en el partido de vuelta por 1-0, gol de Piqué, con gol anulado a Bojan, además de una merecida expulsión a Motta que Mourinho ha convertido en su caballo de batalla para definir el pase del Inter a la final como "milagroso".
De paso, se ha recordado también la semifinal entre Depor y Oporto, en la que fue injustamente expulsado el deportivista Andrade y que daría el pase a la final en la que el Oporto conseguiría la preciada primera Champions de Mourinho.
Lluís Canut ha hecho un aparte para recordar a los amigos que no podemos reprimirnos y le felicitamos por decir verdades como puños en el corazón de la caverna:
(El mensaje, en catalán, decía textualmente: "Felicitats Lluís. Amb dos collons!").
Incluso un colaborador de Punto Pelota, como Iñaki Cano, ha arremetido contra la rajada de Mourinho. Rajada importante, que no tendría que quedar como una más del portugués, ya que además de faltar al respeto a un compañero de profesión (no es la primera vez, que le pregunten a Preciado o Manzano) y de poner en duda a diferentes estamentos federativos y arbitrales, se ha hecho referencia directa al F.C. Barcelona, a su afición e incluso a Unicef, en un tono ciertamente ofensivo.
Finalmente, momento cómico para oír a Alfredo Duro excitarse ante verdades difícilmente rebatibles.
En definitiva, Pepe no debería haber sido expulsado, pero incluso a la caverna le va empezando a costar justificar lo injustificable.
El triunfo del Barça fue incontestable.